Press "Enter" to skip to content

Stephen Hawking, Charles Darwin y otros científicos ilustres enterrados en Westminster

En 1987 la Abadía de Westminster, una de las principales instituciones del Reino Unido, fue declarada Patrimonio Mundial de la Unesco. Desde hace siglos ha jugado un papel destacado en la historia británica, ha sido el lugar de coronación de todos los reyes de Inglaterra desde 1066 y el escenario de dieciséis bodas reales. Su nombre formal es el de Iglesia Colegiata de San Pedro y, a diferencia de lo que ocurre con la mayoría de los templos ingleses, es propiedad directa del monarca.

Entre sus muros descansan los restos de una de las mayores concentraciones de soberanos y genios del mundo. Allí reposan los restos de diecisiete reyes y personajes de la altura intelectual de Lord Byron, Charles Dickens, Francis Drake, William Shakespeare, Henry Purcell o Rudyard Kipling.

Aunque en el suelo de la abadía hay numerosas tumbas, hay una en la que está prohibido pisar, se encuentra cerca de la entrada principal -en la puerta oeste- y es la tumba del soldado desconocido. Pertenece a un soldado británico no identificado y que falleció en acto de servicio durante la Primera Guerra Mundial.

Desde astrónomos hasta geólogos

Pero además de literatos, soberanos y militares hay hombres de ciencia. El último científico en formar parte de este selecto club fue Stephen Hawking. Sus cenizas fueron enterradas en la nave central de la abadía el 15 de junio de 2018, muy cerca de la tumba de sir Isaac Newton.

No muy lejos se encuentra William Thomson (1824-1907), un científico que destacó por sus trabajos en termodinámica y electricidad, y que es especialmente recordado por el desarrollo de la escala de temperatura Kelvin. También en la nave central reposan los restos de Charles Darwin, el autor de ‘El origen de las especies’ (1859).

Entre sus muros hay inventores de la talla de John Harrison (1693-1776), un relojero inglés que tiene el preciado honor de ser el primero en poner en funcionamiento un cronómetro marino de alta precisión. También fue relojero George Graham (1673-1751), un inventor al que se le atribuyen varias mejoras en el reloj de péndulo y la creación del primer péndulo de mercurio.

Bajo la fantástica bóveda de abanico duermen el sueño eterno astrónomos tan ilustres como William Herschel (1738-1822) y su hijo John FW Herschel (1792-1871), al que debemos los términos ‘fotografía’, ‘negativo’ y ‘positivo’.

También hay médicos, como David Livingstone (1813-1873), a pesar de que su corazón se encuentre enterrado bajo un árbol mpundu en la República de Zambia. Los restos de este explorador yacen a escasos metros de los del geólogo británico Charles Lyell (1797-1875), uno de los fundadores de la Geología moderna.

También hay Premios Nobel

En la sección de ‘grandes matemáticos’ tenemos a George Green (1793-1841) y Paul AM Dirac (1902-1984). Los trabajos del primero influyeron notablemente en el desarrollo de importantes conceptos de física y fueron la derivada final de aplicaciones tan significativas como el teorema que lleva su nombre. Por su parte, Dirac fue un matemático y físico teórico que contribuyó enormemente al desarrollo de la mecánica cuántica.

Hay científicos laureados con el Premio Nobel, como Ernest Rutherford (1871-1937) y Joseph John Thomson (1856-1940). Lord Rutherford fue un físico estudioso de las partículas radiactivas -a las que clasificó como alfa, beta y gamma- y el creador de un modelo atómico con el cual probó la existencia del núcleo anatómico. A ‘JJ’ Thomson debemos el descubrimiento del electrón y el primer espectrómetro de masa.

Para finalizar nuestro particular listado subrayar que en la abadía también están enterrados grandes ingenieros, entre ellos Robert Stephenson (1803-1859), hijo de George Stephenson, el inventor que desarrolló ferrocarriles y locomotoras, logros que fueron conseguidos por el esfuerzo conjunto de padre e hijo. A su lado está Thomas Telford (1757-1834), un ingeniero civil y constructor de un elevado número de puentes, caminos y canales, razón por la cual sus contemporáneos le apodaron el ‘coloso de las carreteras’.

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación

Ver los comentarios

Temas

Be First to Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published.