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Los mapas que predijeron la pandemia y ayudaron a evitar una catástrofe aún mayor

Mapa de contagios de la Covid-19.Unsplash / Google

Si no hubiese sido por un mapa, las 700 personas que murieron de cólera en una semana en el barrio londinense de Soho se habrían convertido en miles en los siguientes días. En 1854, el médico británico John Snow decidió cartografiar en un plano del distrito los pozos de agua, lo que permitió localizar la causa de la enfermedad en la contaminación fecal que se estaba dando en el pozo de Broad Street. Snow recomendó a las autoridades cerrar esa bomba de agua, e inmediatamente los casos de cólera fueron disminuyendo. Unas décadas antes, en la Nueva York de 1798, el también doctor Valentine Seaman consiguió frenar otra epidemia, en este caso de fiebre amarilla, aplicando estas técnicas de recopilación y visualización de datos a través de un mapa.

Estos episodios se consideran los ejemplos más tempranos de la cartografía epidemiológica, la misma herramienta que ha permitido luchar contra la pandemia de covid 19 más de dos siglos después y de una forma más precisa gracias a la tecnología. Tener datos georreferenciados permite establecer causas y relaciones entre diferentes acontecimientos y, lo más importante, predecir cómo evolucionarán y poder actuar en consecuencia. La cartografía digital generada en estos dos años de crisis sanitaria global ha permitido a organizaciones internacionales y gobiernos tomar cruciales decisiones, no solo en el ámbito sanitario, sino en el económico y social.

Antes de que aquel virus originado en la ciudad china de Wuhan fuese conocido, el mapamundi que la Junta de Vigilancia Mundial de la Preparación (JVMP) publicó en 2019 ya advertía del crecimiento de brotes de enfermedades infecciosas en todo el mundo. A finales de ese año, en Canadá, la empresa emergente (startup) Bluedot cruzaba datos de viajes desde Wuhan con diagnósticos sanitarios de infecciones respiratorias que activaron muchas alarmas. “Eran los primeros indicios de lo que estaba por venir”, recuerda Pedro Torres, director de marketing de la delegación española de Environmental Systems Research Institute (ESRI), el programa informático de cartografía digital de referencia en el mundo.

Mapa elaborado por el médico John Snow en 1854 del barrio londinense de Soho y que permitió frenar la epidemia de cólera

A finales de enero de 2020, la OMS confirmaba los crecientes casos de una neumonía de etiología desconocida en la ciudad de Wuhan y su posible propagación por el resto del país y del mundo. Medios de comunicación como Newsfresh empezaron a producir los primeros mapas webs interactivos con datos sobre la enfermedad, como recoge Carlos Guallart Moreno, profesor de geografía y colaborador de la Universidad de Zaragoza, en el artículo La cartografía digital generada por la Covid-19: análisis y tipografía, publicado por la revista Espacio, Tiempo y Forma de UNED. “El creciente número de casos diagnosticados y su aparición en diferentes lugares obliga a recurrir a la cartografía para informar mejor sobre la importancia de la enfermedad”, apunta Guallart.

Desde entonces, comenzó a crecer la cartografía epidemiológica del Sars-Cov-2 a nivel mundial, continental, nacional e incluso regional y local, que permitió a las autoridades no solo proteger a los ciudadanos frente al virus, sino planificar cómo sería la vuelta a la normalidad y recuperar una economía paralizada durante dos meses. Tal fue su trascendencia que el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana ha publicado recientemente un Atlas Nacional que analiza la primera ola de la enfermedad desde una perspectiva geográfica.

Cómo ayuda la cartografía digital a la toma de decisiones

“Fueron muchos los esfuerzos por entender qué estaba ocurriendo en todo el país y poder tomar las medidas más pertinentes”. De esta manera lo recuerda Gemma Boix Xamaní, responsable del servicio de Sistemas de Información Geográfica y Teledetección (SIGTE) de la Universidad de Girona. El equipo de Boix decidió poner sus conocimientos en esta tecnología al servicio de la ciudadanía y de la administración, elaborando una serie de cartografías digitales a nivel local, autonómico y nacional abiertas al público. Entre esa recopilación y análisis de datos se encuentran estudios que determinaban la anchura de las aceras en la ciudad de Girona. “Era un aspecto muy importante en los momentos de desescalada del confinamiento en los que se requería distancia social para evitar los contagios”, explica Boix. “Así, se podía determinar por qué lugares menos transitados era más conveniente desplazarse”, añade.

En SITGE ofrecen un máster online sobre Sistemas de Información Geográfica (SIG) desde hace 23 años. Como explica su responsable, el potencial de esta tecnología –mediante la que se recopilan, analizan y representan los datos mediante mapas– es infinito gracias al cruce de diferentes variables. “Se puede aplicar a cualquier ámbito, pero desde luego en la pandemia, generó muchos tipos de información muy útiles para los ciudadanos”, apunta Boix. “Hay muchos ejemplos, como el de la aplicación ¿Cuánto es un kilómetro?, que permitía saber hasta dónde se podía caminar desde el domicilio durante la primera fase de la desescalada; o mapas en los que se informaba sobre diferentes establecimientos y cuáles empezaban a abrir de nuevo tras el confinamiento”, añade.

“Hasta entonces, no habíamos necesitado conocer los límites territoriales de barrios o de municipios”, cuenta Boix, “y toda esta información geográfica nos permitió saber qué se podía hacer o qué no y dónde, nos hizo la vida más fácil durante esos meses”.

Además de las medidas para evitar los contagios, la información geográfica también contribuyó a la recuperación económica. “Los datos sobre la movilidad de las personas permiten determinar lugares concurridos e informar de ello a la población. Esto ayudó a la reapertura del turismo”, explica el directivo de ESRI España. Y continúa: “Se desarrollaron apps que informaban del aforo de las playas y de otros lugares de interés, otras, indicaban el rediseño de las ciudades para un desplazamiento más seguro; y las hubo incluso que conectaban a trabajadores allá donde hubiese trabajo disponible, como la app de la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores”.

Ilustración de Thames Water (la compañía de agua londinense) también del siglo XIX y que ejemplifica la cantidad de enfermedades que pueden darse a través de la contaminación del agua como el propio cólera o la fiebre tifoidea.

Una tecnología accesible para todos

No era la primera vez que ESRI se enfrentaba a una crisis sanitaria. El instituto de investigación y su tecnología cartográfica tuvieron un papel fundamental en la epidemia de Ébola de 2014 en África, gracias al mapeo de los casos y la información asociada a diferentes variables.

Esa experiencia les permitió liderar la gestión de la pandemia de Covid-19 a través de la tecnología SIG y ofrecer su colaboración a diferentes entidades, tanto internacionales como nacionales y regionales. En España, su trabajo con las comunidades autónomas fue fundamental. “Nos pusimos manos a la obra para enseñar a los trabajadores de la administración cómo utilizar nuestra herramienta cartográfica, ArcGIS, y ellos consiguieron crear un sistema de información geográfica impresionante en muy poco tiempo”, cuenta Torres. “Igual que valoramos el trabajo de los sanitarios, deberíamos hacer lo mismo con los funcionarios que han estado trabajando con esta información que después ha servido para tomar muchas decisiones”, añade.

El directivo de ESRI España destaca el uso de los SIG para la gestión de la pandemia que han hecho organismos como la Unidad Militar de Emergencias (UME) –que precisamente recibió el Premio Reconocimiento Especial ESRI 2020–, comunidades autónomas como Castilla La Mancha, ayuntamientos como el de Valencia, u otras instituciones como el Canal de Isabel II, que crearon el Sistema Vigía con el que detectan la presencia del virus entre la población madrileña a partir de las aguas residuales.

Pequeñas administraciones y organizaciones que han utilizado la misma herramienta tecnológica que otras mucho más grandes. Es el caso de la Universidad de John Hopkins, cuyo mapa de la Covid-19 se ha convertido en la aplicación más visitada de la historia, con billones de consultas diarias, según datos de ESRI. “Esto ha sido posible gracias a la democratización de la tecnología”, apunta Torres.

Esta misma herramienta cartográfica desarrollada por ESRI es la que utilizaba Carlos Guallart cuando enseñaba Geografía en el colegio zaragozano Santa María del Pilar Marianistas antes de jubilarse. Sus alumnos de Secundaria tenían que crear mapas e introducir diferentes variables socioeconómicas a partir de datos públicos que ellos mismos tenían que buscar. “Todo sucede en el territorio y tener una base de datos fiable hace que esta tecnología se pueda aplicar en cualquier ámbito de la vida, ya sea la salud, la educación, el medioambiente… que los más jóvenes aprendan a obtener esa información es imprescindible”, apunta Guallart y añade que la pandemia ha despertado mucho interés hacia los SIG.

El Gobierno está trabajando en un sistema de vigilancia de la Covid-19 similar a la de la gripe común, en el que no se contará cada caso y no sé harán tests con el mínimo síntoma. Cuando se implemente, el seguimiento de la enfermedad será distinto, pero la cartografía digital seguirá siendo igual de importante, como apunta Guallart. “Esta tecnología permite una mejor comprensión de los factores de riesgo que facilitan la aparición de enfermedades a escala continental o mundial. No podemos predecir cuándo se producirá una pandemia exactamente, pero sí prepararnos y prevenirla”, concluye.

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