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Los escuadrones de aves que han comenzado a llenar los cielos de la península

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Fieles a su ciclo biológico en el mes de febrero las grullas comunes (Grus grus) comienzan a levantar el vuelo de los enclaves ibéricos en los que han pasado los rigores del invierno para comenzar el retorno a sus hogares. Y es que nuestros campos, en especial los de Extremadura, Aragón, Andalucía y Castilla-La Mancha, son el lugar elegido por el mayor contingente de grullas para formar sus campamentos.

En ellos podemos encontrar ejemplares procedentes de la península escandinava, de las repúblicas bálticas y de Alemania, allí han descansado y se han preparado para la nueva temporada de reproducción.

A pesar de que en el mundo hay quince especies diferentes de grullas, en Europa tan solo viven dos, la común y la grulla damisela (Grus virgo), que cuenta con una población bastante mermada en estos momentos.

La grulla común es una de las aves más grandes del Viejo Continente, su envergadura supera los dos metros, su porte es esbelto y su plumaje grisáceo en la mayor parte del cuerpo, siendo parduzco y más oscuro en la espalda y en el obispillo.

A lo largo de febrero más de un cuarto millón de ejemplares levantan el vuelo. Lo hacen en ordenada formación en ‘V’ y se dirigen hacia sus lugares de origen con un vuelo enérgico, pausado y sostenido, al tiempo que emiten un característico trompeteo fácil de identificar.

La verdad es que no es un viaje fácil, en muchos casos supera los cuatro mil kilómetros, necesitando invertir varias semanas de vuelo no exentas de peligros, ya que en ocasiones las condiciones climáticas son bastante desfavorables y tienen que sortear numerosos enclaves montañosos en los que no siempre es fácil encontrar acomodo.

Gregarias y monógamas

Las grullas son animales gregarios, por lo que es fácil encontrar decenas de miles de ejemplares compartiendo dormideros. Nuestro país es el destino final de una de sus tres rutas migratorias, las otras son la oriental, que une Etiopia y Egipto con Rusia, y la central, que nace en el norte de África y atraviesa Italia hasta alcanzar Polonia. Los campos de todos estos lugares son el lugar perfecto para satisfacer sus necesidades alimenticias, basadas fundamentalmente en raíces, tallos, semillas, lombrices, insectos y caracoles.

Otra de las singularidades de esta especie es la fidelidad de la que hacen gala, ya que se trata de una especie monógama en donde la pareja se mantiene unida durante toda la vida. El cortejo nupcial tiene lugar con la llegada de la primavera, es entonces cuando los machos realizan una ostentosa danza, en la que no falta el lanzamiento de vegetación al aire y el despliegue de las alas.

Pocas semanas después tendrá lugar la puesta de dos huevos, los cuales serán incubados en exclusiva por la hembra durante un mes, tras el cual nacerán dos polluelos, uno quedará a cargo del padre y otro de la madre.

Para finalizar, una curiosidad musical. El 18 de septiembre de 1957 el compositor Jean Sibelius admiró emocionado una bandada de grullas en los cielos finlandeses. “¡Han vuelto! Los pájaros de mi juventud”, gritó emocionado a su hija Margareta. Tan solo dos días después falleció de una hemorragia cerebral. Y es que Sibelius fue un enamorado de estas aves durante toda su vida. Precisamente fue a ellas a las que dedicó su célebre Kurkikohtaus (‘Escena con grullas’), opus 44 número 2.

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación.

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