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La guerra entre disidencias de las FARC se inclina a favor de un antiguo señor de la guerra

Gentil Duarte, comandante de grupos disidentes de las FARC que se apartaron del proceso de paz en Colombia.Javier Sulé Ortega

Las fotos de cadáveres de los ‘más buscados’ han regresado a las primeras planas de la prensa colombiana. Como ocurría en medio del fragor de la guerra que el país busca dejar atrás, el periódico El Tiempo publicó esta semana las imágenes del rostro sin vida de Henry Castellanos, Romaña, como prueba de que murió en confusos enfrentamientos del otro lado de la frontera con Venezuela. La noticia se conoció cuando aún se intentaba confirmar otra muerte, la de Hernán Darío Velásquez, alias El Paisa, y se suma también a la de Jesús Santrich a mediados de año, todas en similares circunstancias en distintos puntos del territorio venezolano, cerca de la línea limítrofe. El Paisa y Romaña eran los más sanguinarios entre los disidentes de la extinta guerrilla de las FARC que retomaron las armas bajo el liderazgo de Iván Márquez. Su proyecto, la Segunda Marquetalia, parece desmoronarse en beneficio de las estructuras encabezadas por otro añejo señor de la guerra: Gentil Duarte.

Romaña será recordado por las ‘pescas milagrosas’, los secuestros masivos que convirtió en uno de los negocios más lucrativos del conflicto armado; El Paisa por haber comandado la Columna Móvil Teófilo Forero, una de las estructuras más cruentas de la insurgencia, responsable del atentado contra el club El Nogal; y Sántrich por el desafiante “quizás, quizás, quizás” con el que contestó en 2012 a la pregunta de si estaba dispuesto a pedir perdón a las víctimas, cuando apenas arrancaba el proceso de paz con el Gobierno de Juan Manuel Santos (2010-2018). También por el rocambolesco caso por narcotráfico que precedió su regreso a la clandestinidad. Todos le dieron la espalda al histórico acuerdo de paz que cumple cinco años. Iván Márquez, el otrora jefe negociador de las FARC que optó por rearmarse, por eso mismo el de mayor notoriedad mediática, se queda cada vez más solo.

El presidente Iván Duque ha celebrado que “salgan de circulación estos símbolos del terrorismo, del mal”. Las primeras versiones hablan de ataques con ráfagas de fusil y explosivos, perpetrados por otras facciones de disidentes en el Estado venezolano de Apure, donde varios grupos criminales se enfrentan por el control de las economías ilegales. “Hace cinco meses se presentó una disputa que involucró a las disidencias de las FARC comandadas por alias Gentil Duarte y la Segunda Marquetalia, todo por el mismo negocio del narcotráfico que se están peleando en suelo venezolano”, ha explicado el ministro de Defensa de Colombia, Diego Molano, sobre las hipótesis de la inteligencia militar que dan cuenta de las muertes de El Paisa y Romaña. “Acá lo que quedaría en evidencia, si la información llegara a ser cierta, es que el régimen de Nicolás Maduro protege terroristas en territorio venezolano”, ha subrayado.

Ambos grupos fueron designados el mes pasado por el Gobierno de Estados Unidos como organizaciones terroristas, cuando en una decisión largamente esperada Washington retiró de esa lista negra a las antiguas FARC, hoy desarmadas y convertidas en un partido político con representación en el Congreso. Más del 90 por ciento de los firmantes de la paz, unos 13.000 exguerrilleros, han cumplido sus compromisos, se mantienen en la legalidad y avanzan en su proceso de reincorporación. Aunque no hubo ninguna desbandada, como se temió en un primer momento, el fuego de las disidencias ha estado alimentado por nuevas dinámicas de reclutamiento forzado, a menudo de menores de edad. Sin hacer tanto ruido como Iván Marquez, Gentil Duarte se impone en la feroz competencia entre estructuras disidentes.

El fenómeno precede a la Segunda Marquetalia, pues se inició antes de la firma de los acuerdos cuando una parte del Frente 1, una de las estructuras más representativas de las FARC en tres departamentos del sureste del país –Vaupés, Guaviare y Meta–, bajo el mando de Iván Mordisco, se apartó del proceso a mediados de 2016. Ese anuncio provocó que la dirigencia de las FARC, que para entonces finalizaba los detalles de la negociación en La Habana, expulsara a cinco mandos, entre ellos Gentil Duarte, al que antes había enviado para intentar poner orden. Desde entonces, varias facciones, que se suman a un archipiélago de grupos armados que intentan ocupar el espacio abandonado por los rebeldes, han surgido en distintas regiones.

Los disidentes de las FARC Iván Márquez y Jesús Santrich, el día que anunciaron que se rearmaban, en agosto de 2019. Detrás de ellos, 'Romaña'.AFP
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Márquez –quien llegó a ser el ‘número dos’ de la guerrilla–, Santrich, El Paisa y Romaña, que se encontraban en paradero desconocido después de haber abandonado los espacios de reincorporación, reaparecieron la madrugada del jueves 29 de agosto de 2019 en un video para proclamar que retomaban las armas. Ya desde entonces, fuentes de inteligencia aseguraban que estaban en Venezuela. Los intentos para unirse con Gentil Duarte, Iván Mordisco y sus socios se estrellaron con la resistencia de esos grupos, que ya tenían una importante influencia en el suroriente de Colombia y al otro lado de la frontera. “La pretensión de imponer un mando vertical se ha topado con estructuras que tienen poder territorial, independencia y acceso a fuentes de financiamiento”, señalaba en julio un informe sobre la Segunda Marquetalia de la Fundación Ideas para la Paz (FIP).

Miguel Santanilla Botanche, el verdadero nombre de Gentil Duarte, quien fue comandante de las FARC desde finales de los años 90 y al que sus excompañeros le reconocen capacidades tanto políticas como militares, se ha convertido en el hombre más buscado por las autoridades colombianas. Al ser la disidencia más antigua es la que más legitimidad tiene entre aquellos que nunca entregaron las armas, “la que más se ha consolidado militar y económicamente”, la más robustecida, explica Jorge Mantilla, experto en las dinámicas del conflicto armado de la FIP. “En el caso de Iván Márquez uno ve más una disidencia política, enfocada en el tema de comunicaciones, pero que nunca pudo coger tracción militar, al menos en Colombia”, señala. Sus planes se han frustrado en gran medida por la capacidad militar que han mostrado las disidencias de Gentil Duarte, u otras más locales, en un contexto de grupos más fragmentados.

“La gran mayoría de las personas que viven en zonas controladas por los disidentes en Colombia describen a estos grupos como motivados por el dinero, en gran parte generado por la economía ilegal, así como ideológicamente rudimentarios y extremadamente violentos”, señala el International Crisis Group (ICG) en un detallado informe con ocasión del quinto aniversario de los acuerdos. “Realmente es una competencia muy fuerte, un choque directo”, apunta Elizabeth Dickinson, analista del ICG. “No veo ninguna posibilidad de que logren trabajar juntas, ni unirse, es más bien una pregunta de quién va a ganar en el territorio, cuál de las dos va a lograr consolidar la mayor parte de las rutas, de control del territorio, mayor influencia social. El peligro es que apenas estamos entrando en esa lucha”, advierte. “Puede ser muy violenta”.

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