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El alzacola rojizo, elegida ave del año 2022

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Desde el año 1988 la Sociedad Española de Ornitología (SEO Birdlife) elige anualmente –con la excepción de los años 1989 y 1991– a un representante de la avifauna ibérica para poner el foco de atención en las amenazas que pesan sobre ella y reclamar una mayor atención por parte de administraciones e instituciones.

La primera en formar parte de esta selecta familia fue la ganga ortega, a la que siguieron el quebrantahuesos, la cigüeña blanca, el cernícalo primilla, la garcilla cangrejera, la paloma turqué y así hasta completar un total de treinta y tres especies.

La última en sumarse a este listado ha sido el alzacola rojizo, que se ha impuesto en el proceso de votación sobre el aguilucho cenizo y el alcaudón común, tres aves ligadas al medio agrario y sujetas al deterioro que están sufriendo los elementos naturales como consecuencias del uso generalizado de plaguicidas y las cosechas más tempranas.

Un mosaico de amenazas

El nombre científico del alzacola rojizo es Cercotrichas galactotes. Se trata de un ave insectívora parecida al zorzal y fácil de identificar. Es de color marronáceo y tiene, de forma singular, una larga cola rojiza con un extremo terminal blanquinegro que agita y despliega de forma repetida.

Su canto es melódico consistente básicamente en breves melodías que se limitan a dos o tres trinos potentes y algo estridentes, mientras que el reclamo de alarma o contacto es un seco ‘teck-teck’.

La amenaza que sufre está especie está directamente relacionada con la intensificación de los cultivos, con un cambio de los cultivos de secano a regadío, la mecanización intensa de las labores agrícolas, la reducción de la cobertura de herbáceas y el uso intensivo de productos fitosanitarios.

El cambio del paisaje olivar, con una concentración parcelaria y la pérdida del mosaico tradicional de cultivos ha propiciado la eliminación de las cubiertas vegetales, dejando un suelo desnudo, sin posibilidad para que estas aves puedan disponer de un lugar en el que refugiarse.

A todos estos elementos hay que añadir que zonas tradicionales de viñedos y olivares están siendo desplazadas por cultivos emergentes como, por ejemplo, los pistachos y los almendros, eliminado de forma radical el hábitat que históricamente ocupaba el alzacola rojizo para alimentarse y nidificar.

También es preciso poner el foco de atención en otro punto, el conocido como sistema de fertirrigación, a través del cual se añaden los fertilizantes químicos al agua de riego.

Este sistema, muy extendido en amplias zonas olivares de nuestra geografía, es una trampa para las aves que beben de los goteros o de los pequeños charcos que se forman, ya que ingieren los productos químicos con el agua.

Todos estos hechos han colocado al alzacola rojizo en el punto de mira de los animales en peligro de extinción. Según el último censo se ha producido una reducción media del 94,8% en el conjunto de España, una cifra que se eleva hasta alcanzar el 98% en las provincias de Alicante y Murcia.

Las otras dos especies vulnerables

Los ‘perdedores’ de la votación de este año han sido el aguilucho cenizo (Circus pygargus), una rapaz muy ligada a las actividades humanas y que habita en las zonas de sembradío de cereal, generalmente de trigo y cebada. Es un ave que típicamente anida en el suelo, construyendo su hogar a partir de hierba seca y tallos.

Desde SEO/Birdlife se reclama un sistema de explotación agrícola más respetuoso con esta el aguilucho cenizo y la búsqueda de soluciones que eviten la destrucción de sus nidos durante la época de siega.

Para finalizar, el alcaudón común (Lanius senator), una de las cuatro especies de alcaudones presentes en nuestro país, es un ave migratoria que habita en encinares, carrascales y dehesas donde se pastorea. Esta ave ha sido incluida en el Libro Rojo de las Aves de España debido a su declive poblacional y su riesgo de extinción.

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación.

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