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China recrudece el control a la prensa extranjera durante los Juegos Olímpicos de Invierno

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El viernes de la semana pasada, el Estadio Nacional de Pekín albergaba una fastuosa ceremonia para dar comienzo a los Juegos Olímpicos de Invierno de 2022. Cientos de atletas de todo el mundo desfilaban por la pista, presidida por el eslogan oficial de la cita deportiva: «Juntos por un futuro compartido». Una hora antes, Sjoerd den Dass, corresponsal de NOS, la radiotelevisión pública holandesa, era arrastrado por las Fuerzas de Seguridad mientras realizaba una conexión en directo desde los aledaños del estadio. Unas imágenes que, junto al gesto de estupefacción de la presentadora en Ámsterdam, han dado la vuelta al mundo.

El periodista explicó lo sucedido por medio de un hilo en Twitter, en el que relataba cómo su equipo y él se habían instalado en la zona indicada por la Policía, antes de que un agente de paisano se lo llevara por la fuerza sin identificarse ni ofrecer motivo para el asalto.

«En las últimas semanas nosotros, como varios compañeros extranjeros, hemos sido obstaculizados o interrumpidos en repetidas ocasiones por la Policía mientras informábamos de cuestiones relativas a los Juegos», señalaba den Daas, que un rato después pudo retomar la transmisión desde otro lugar. «Por este motivo, es complicado ver lo sucedido como un incidente aislado».

Estas últimas palabras hacen referencia a la reacción del Comité Olímpico Internacional (COI). Por boca de su portavoz Mark Adams, el organismo calificó el episodio de «circunstancia desafortunada», pero «un incidente aislado». Con esta afirmación, poco acorde con un país donde no existe la libertad de prensa, el COI se interpone una vez más entre China y la comunidad internacional, como ya hiciera durante el escándalo provocado por la denuncia de acoso sexual vertida por la tenista Peng Shuai contra un alto cargo del Partido Comunista. Tras varias semanas en paradero desconocido seguidas de algunas apariciones orquestadas, el presidente del COI Thomas Bach aseguró haber mantenido un encuentro privado con la deportista y defendió su apuesta por una «diplomacia silenciosa».

Múltiples corresponsales extranjeros han denunciado en los últimos días la imposibilidad de llevar a cabo su labor informativa en la capital china. Uno de ellos, por ejemplo, recordaba haber sido interceptado por la policía por formular «preguntas demasiado sensibles» tras cuestionar a un entrevistado en la calle «por qué no había podido acudir a ningún evento olímpico». En otras ocasiones, los periodistas han sido obligados a mostrar permisos inexistentes. China recrudece de este modo el control de la prensa internacional durante los Juegos Olímpicos, un acoso gubernamental que ha empeorado de manera significativa con respecto a años precedentes.

‘Encerrados o expulsados’

Así lo demuestra el informe anual elaborado por el Club de Corresponsales Extranjeros en China (FCCC), titulado ‘Encerrados o expulsados’, el cual recoge los resultados de una encuesta entre sus miembros. «La prensa internacional afronta obstáculos sin precedentes a la hora de informar sobre China como resultado de los esfuerzos del Gobierno por bloquear y desacreditar el periodismo independiente», apuntaba la asociación.

El 99% de los consultados afirmó que las condiciones de trabajo no se corresponden a los estándares internacionales. El 62% declaró haber sido obstruido al menos una vez por las fuerzas de seguridad y el 25% reconoció que sus fuentes han sido acosadas, detenidas o interrogadas. Además, el 88% de los que acudieron a la provincia de Xinjiang –donde según instituciones internacionales más de un millón de personas de la etnia local uigur han sido llevados a centros de reeducación–, fueron seguidos de manera visible.

Estas denuncias son compartidas por entidades como Reporteros sin Fronteras, que en su última ‘Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa’ colocó a China en el puesto 177º de 180, solo por delante de Turkmenistán, Corea del Norte y Eritrea. En 2020, el gigante asiático ya llevó a cabo la mayor expulsión de reporteros extranjeros desde la matanza de Tiananmen en 1989. «El FCCC cree firmemente que una presencia de medios independientes en China reforzará la posición del país a nivel mundial. China puede aumentar la confianza en su historia no inundando el mundo con propaganda estatal altamente orquestada, sino dejando también que otros cuenten esa historia», concluía el texto.

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